Iba bajo aquel paraguas, como la que no quería mojarse. Pero deseaba lanzarlo lejos, quitarme el gorro y empaparme la cabeza. Saltar sobre todos los charcos y llenarme los zapatos de agua, y los calcetines ¡hasta que se me arrugaran los pies! Quería llegar a casa empapada, sonriente y sin paraguas y que mi madre me soltara un "¡pero chiquilla, haberme llamado!"
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