Nos guste o no, hay cosas que se acaban. No hablo de amor, o al menos no del amor en el que estáis pensando. Hablo de amistad, de ser una gran familia, de ir todos a una. En ocasiones, este tipo de cosas no dura más que unos pocos meses. El miedo al cambio es, en el fondo, miedo a perder lo que se tiene. Pero para conservar aquello habría hecho falta más que parar el tiempo. Porque aunque el tiempo se hubiera detenido no habríamos podido evitar nada, no habríamos podido poner remedio a las amistades que pasaron a algo más, ni a los enfrentamientos, ni al daño que tarde o temprano nos acabamos causando los unos a los otros.
Las cosas son así, la vida sigue, la gente avanza y no puede haber algo tan malo detrás como para tener ese miedo irracional.
Ha sido todo un placer.
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