domingo, 19 de agosto de 2012

Y esto es lo único que me queda ya.

Quería levantarme y gritar. Gritar al mundo que te necesitaba, que ya nada de aquello tenía sentido sin ti. Quería que supieses lo gris que era el camino si no estabas tú, que ya no creía en un amor que no fuese el tuyo, que habría dado lo que fuera porque todo fuese como siempre, como nunca. Quería pedirte amor, quería pedirte una tregua, quería pedirte que te tumbases a mi lado, que no me soltases nunca más, aunque no pudieses darme nada de eso. Quería decirte que lucharía por ti si me lo permitías, que siempre me ibas a tener cerca por si algún día querías decir "vuelve", por si algún día te invadía la nostalgia. Que pasase lo que pasase tenías mi hombro para llorar, que aunque no quisieras mis besos tenías mi mano, una mano amga. Que te amaba con todo el alma, que aunque yo fuese la última en tu lista tú seguías siendo para mí lo primero. Que me quedaba sin respiración cada vez que hacías uno de esos gestos que tanto me gustaban, que aún soñaba contigo. Que aunque besase un millón de bocas sería siempre buscando la tuya y que te querría cuando tú ya ni siquiera pudieras recordar mi nombre. Querría haber dicho eso y más, pero no lo hice. No lo hice porque me quedé sin voz, porque era egoísta hacerlo, porque no quería que sintieses lástima por mí. Tan solo te hice saber que te quería, aunque ya no tenía derecho. Y me fui echándote de menos, como cada día, como cada noche desde aquel "no te quiero".

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