El día ya ha terminado. Sabía que iba a ser especial, sabía que no sería un viernes cualquiera, sabía que iba a recordarlo por mucho tiempo. Y así estaba comenzando la tarde, en plena felicidad comiendo en casa de Lucía, admirando grifos, freidoras, pintando ojos y con leves vicios al angry birds. Como no, los tíos tenían una porro party pero iban a venir todos después, así que todo genial. Bailamos y follamos en casa de Lucía, conocimos al amor de su vida y quedamos con los machos ibéricos. Entonces empezaron las separaciones como siempre por las drogas y ese rollo, hasta tal punto que Lucía y yo nos deprimimos en un banco diciendo que ese día no solamente no estaba siendo especial, es que encima estaban pasando cosas malas. El día tan anhelado se escapaba poco a poco y ninguna podíamos hacer nada para evitarlo. Y las cosas empezaron a ir mucho mejor, de repente me vi entre sobrios y ebrios, ebrios y sobrios, limpiando aguarrás de una mesa en un momento perfecto en el espacio-tiempo. Un momento bonito en la puerta de un lugar horrible.
Un día genial, en serio, gracias a todo el universo, a la posición de los astros, a mi primo pitoniso, a mi compañera de tragedias sentimentales y al chico que no es capaz de ver a mi unicornio.
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