La vida, que es como es.
Nunca he pensado que llorar esté mal. Pero siempre en su justa medida, no hay que derramar ni una lágrima más de las necesarias. Supongo que por eso me mata llorar la tarde del 25 de mayo, cuando se supone que todo está bien, cuando se supone que las lágrimas no vienen a cuento, cuando no sé el motivo. O quizás es que todo no esté tan bien como creía, quizás no me apetezca mucho saber por qué lo hago.
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